miércoles, 28 de marzo de 2012

a Cometa


La casa, está en calma, 
hay una puerta inmóvil 
y una ventana que cierra encuentros,

sin alguna señal de algún encanto  dominó.

Mi cama es ya sólo la caja de cartón de sueños,

memora tus bigotes 
o alguna cola equilibrista.

Un cometa se esfumó
en el canto de una noche
bajo la lumbre de la luna
en la tempestad de un aroma
entre las olas de la azotea,
en las cobijas del árbol,
caserías de 
gordillas rastreras,

,
en algún lugar,         lejano,
en mi ausencia…

cual astro pinta cielos.

Sin destino , tempestiva.

Le grito al viento dueño de sus pasos
               y tengo por respuesta
 la risa de la libertad callejera…

y uno que otro gato...



América Zapata

A mi gato... hasta los guardianes cumplen su misión y se van...

jueves, 9 de febrero de 2012

Faisán

 
Faisán, te llamo,
a ti,
himno de sangre
en los nidos
del hombre.

Suplico tu vuelo
cuando enlute mi luz
abraza mi carbón, enciende
mi fuego, el fuego de mi témpano,
toca el telar del universo
el cuerno sagrado de mi pecho.

Filtra mi agua,
mueve mi viento
descubre mi silencio elemental;
recoge mis dudas,
penetra en mi con tus plumas
no permitas que olvide
la energía del espiral,
el lenguaje de la tierra,
las señales de su creación,
enséñame tu libro de retornos,
cántame,
hechiza mi canto una vez que lo calle
quítame la cobija de mi cuerpo,
recuérdeme la unión
que la nada de la humanidad
no me dañe,
regalame un espejo
como el agua al río y el río a mis arterias.

Espíritu de los siete cantos
háblame de la luna
cuando oculte al sol
y regrésame el violeta de tu nido
el nido de mi interior.



América Zapata

Este poema es dedicado al espíritu, e inspirado en el libro "La tierra del faisán y del venado", de Mediz Bolio, ya que el decía que según la percepción de los mayas, el espíritu era semejante al faisán ya que éste, está dentro del cuerpo y su trascendencia, se presenciará cuando emigre a otra dimensión.

viernes, 30 de diciembre de 2011

marañas

¿A que sabe?
cuántas horas al día se pierde el reloj
sobre tus hombros,
llenos de melancolía,
cuántas horas se pierden
de mis labios,
cuántas huellas
recorren tus manos.

Un sol repartido en tres
como verdugo,
si cada vez que te veo
siento un vacío.
 Es conocer y saber que detrás de eso
habita entre el viento y el hueco.
Un sonido.

Tanto ruido,
un castillo de metal
con cerraduras de madera,
un latido de vidrio con ecos de tombrón,
un misterio de telerañas
y la presa soy yo.

Sentada en la vasija
que sostiene una lagrima,
bebe y me avisa como reloj
detiene la persecución del recuerdo.


América Zapata

de esos que continúan en el taller, así de esos poemas que nacen de la nada...

domingo, 18 de diciembre de 2011

verbos I


Confiar 
es un verbo sin nombre,
no tiene balanza, 
sólo caminos,
la transparencia de sus acuíferos
mitifican la soledad o la encienden,
cubre los ojos con las manos
antes de caer al precipicio,
los pies en otros pies...

La confianza tiene la sed del azar 
y la locura del hombre. 

                  La esencia del mundo y la tolerancia de Dios.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Ceremonia del silencio



Coloco mis ojos en una
vasija de barro
para filtrar la tristeza

mis oídos
en los
silbidos del aire

mi boca
dirige sus ríos
a los acuíferos del mundo
  
mis manos
se armonizan
con los latidos del sol


respiro el incienso de mis antepasados
y recojo la sabiduría 
que baña mi cuerpo

caen los pensamientos
en su fase lunar

mi cuerpo es el himno de esta
ceremonia 
permito al ser
 estar y reconocer
su templo

Que soy  de tierra,
de agua,
de árbol ,
de sol

y la luna
limpia mi canto.




América Zapata




A veces creo que este coliseo es una majestuosa pradera sin muros,
ni cárceles, sólo ilusiones de acertijos, misterios del aprendiz aje,
donde habitan algunos gigantes, o troles humanos que no han dejado
de ser animales.


Algún cofrecito de tréboles y senderos inexplicables, se manifiestan para llevarte al mismo sitio,
ese donde se ama y te construyes a ti mismo.






América Zapata

miércoles, 26 de octubre de 2011

Céfiro de carmín



Si mis besos 
fueran céfiros, 
elegirían tus labios.

Acariciarían tu parpado
deslizándose
en las pestañas
que arropan tus verbos.

Jugarían a ser malabarista
con tus navajas de nieve.

Así, si el viento no los enjaula
dejaré de escuchar
el goteo de tu risa.


La ausencia no es
el diagnóstico de tu lejanía
es la memoria en la punta de mi lengua

Lo único que tengo
ahora es el deseo, las letras, 
que bailan con  la sonrisa  
presente  

Y ese día al estertor de la tarde
bañada de fuego,
que palpitó toda la noche.



América Zapata