sábado, 24 de junio de 2017

Me gusta quererte


No siempre, ni en un tiempo 
determinado.
De pronto a las 5 de la mañana, 
te siento 
o en las tardes
mientras salgo del trabajo.

Charlas conmigo 
sin darte cuenta.

Me gustas más

Ahora en la treintava guerra mundial
dentro de este mundo corpóreo
que tiene dos nombres 
y apellidos.

después de las guerras,
después de desafiarnos, 
     "conocemos
      más el ahora".

- La distancia esencia, 
el acercamiento tiempo-

Me declaro humana de quererte.

 leo tus ojos,
cuando el alma 
me diagnostica suerte,
y el espíritu se reconoce en otro.

Elevo, la bomba nuclear 
de las endorfinas,
la euforia de alegrar 
todo acto, 
la observación intacta 
del detalle,
y estallar en mis aterrrizajes,
los repentinos momentos,
donde conozco la tierra y el agua.
en las partes precisas de tu cuerpo
que pocas veces veo. 

Junto con todos mis pensamientos,
en los que te absuelvo, 
de mi, del mundo.

Sólo apareces en el
indistinto tiraje de fotografías.

Vernos en dos líneas de la mano
distintos, vivirte.

Así de pronto, puedo dejarnos
libres, y regresar cuando estoy contigo.

América Zapata

miércoles, 14 de junio de 2017

El 0 a la derecha del dos

(Escuche antes de iniciar el poema,
y para acompañar la lectura )


Te conocí
cuando la anti-gravedad
se hacía tiempo.

Los veintes tenían
 solo el cero de más

en donde
-todo inicia y nada se va-

el perene romanticismo...

 -si hubiera sabido como el ismo
lo mata, me hubiera hecho
existencialista-

recuerdo
las mejillas sonrojadas,
mi abdomen casi plano;

cuando sabía unir
la memoria
con la imaginación
y la piel se minaba.

-Ahora soy una experta,
en sabotear la fantasía,
lo bueno es que la imaginación
continua-

Recuerdo el nerviosismo,

 -la taquicardia-

me estremecía mis rodillas,
esa inclinación de la caída ilícita.

Estoy segura que ni lo notaste.

El Lugar común de todos los poemas.

-los únicos que no saben de común,
son 
uno: los huesos, y dos: la vergüenza-

Esa exploración de conocer
la rítmica de los latidos.

el raite de las mañanas,
el café con el estómago vacío,
el cigarro,
la película en tu casa,
 ya no recuerdo cual era...

¿Te acuerdas?

la tocada con tus amigos,

un par de cervezas en el cine
y un libro dañado que aún
no entrego.

Los besos a la salida del baño, 
cerca de la taquilla,
en la calle empinada,
en los semáforos.

Donde tus ojos nada tenían que ver
con el café de la taza,
sino con el brillo de mi sonrisa.

Recuerdo que te lo llevaste todo
a excepción de la ilustración que exigí,
y me la regalaste
después de dos
semanas sin verte.

La metí en el mapamundi, 
como cuando el azar
mide la templanza.

Y es que tienes esa 
forma de hacer sentir 
la caída libre.

Ahora pensamos en la economía,
en la autodeterminación.
en la negociación.

-Somos menos románticos,
más realistas-

Me hice del delito y pocas veces
vivo como cuando los 20,
escribo menos y
ya dejé el café.

Tú divorciado, más observador, 
medido, acostumbrado,
reparando las arterias rotas,
en otras piernas,
o a tu manera.

Me faltó tiempo.
Me adelanté.
Te besé.

Sin asegurarme
lo que fui.
Sin saber si cambiaste.

Quisiera intercambiarte
la incertidumbre
por la amistad.

Pero a pesar de todo 
 esta vez, tengo
la capacidad de despedirme
la fidelidad propia.

¡vaya, ya sé cómo
 no dejarte todo!

que te conozco, 
la distancia no sólo tiene 
kilómetros, 
también razones.

ya lo sé... aún tenga
ese sentimiento 
de sentir
que te encontré
como cuando te fuiste.


América Zapata

miércoles, 26 de agosto de 2015

La angustia de la gotera



26 de agosto
23:21
  

Antes de explicar cualquier suspiro, el silencio, era  -la gotera del tejaban-.  Trasmina las paredes y hiere los techos. 
A gotas se escuchaba la conciencia, un gesto de la madera húmeda, entre el cemento del techo. Los ojos intermitentes como la tibia luz que apenas se percibe en la madrugada -No se ve pero se sabe que es de madrugada- se siente como el sol se mezcla con el azul profundo del casi negro cielo. Ellos los ojos, querían fugarse de sí mismos, y en sus párpados la parvada del dolor apretaba las pestañas, nadie tenía la explicación de aquella cabeza. Pero la cabeza tenía mayores tristezas que resolver. Tan sólo la gotera ya había llenado la habitación de su mente. Con lo fuerte que son las descargas del corazón, cuando uno está triste, electrocutan la superficie, hasta los bellos de la piel.  Entonces caen desesperadas las huellas del cuerpo, como si fueran pisadas de otros rumbos, de otras manos, las pisadas recorren las calles de los nervios, como escalofríos. Y es que nadie quisiera explicar, quizás la cama pueda acobijar aquel cuerpo. Quizás el quizás se explique así mismo, con su hubiera implícito. Sea redundante para entender lo que no necesita explicación. Son tórridas las clausuras, tórridas, tórridas, como el torrente que no explica su historia pero se derrama, se fuga. Se corre. 

El adiós es un prófugo que se esconde en el tejaban, para abrir la medicina de la herida, hacer del olvido un maestro, inundar los oídos del desafío, electrocutar el presente, recuperar la altura. Y permitirle callar al silencio, cualquier explicación.


América Zapata

( Disfrutese con esta canción) 



(Dicho escrito es un ejercicio para contar de forma distinta con recursos de lugares comunes, un tema común)

sábado, 11 de julio de 2015

Embriagada de sueño




La intermitente de las sombras
son anzuelos de
las bancas del parque

la templanza, recoge heridas, 
para hacerlas sábanas y
proteger del frío a los
dormidos

-recuas perdidas
mudos de las impotencias
fóbicas.-

Los locos somos tan sólo
los ritos del  imaginario

Tras dibujar la urbana estela del ayer
la oscuridad tiñe
por momentos
la luz

prende
La causalidad,

-Descorche del tiempo-

Ya  la nocturna contó
con malicia las cucarachas
que comen las sobras del olvido.

Miles de transeúntes hieren las flechas
de las estrellas
y dormitan en sus mentes
mientras que mis hienas del descanso
trotan hacia ellos envidiosas.

absorben con
sus ojos cerrados,
al mundo:

imparable latido

Esta impotencia de no dormir

De contemplar la
epopeya soliloquia,
monólogo fiero,
 para atormentar las
cloacas de los oídos
descompuestos 
que no tienen
fondo.

A sí se encienden
los cigarros de la soledad,

Esta inverosímil
forma
de sacarle a la realidad
la lirica del insomnio.

y delirar bajo la bóveda celeste.



América Zapata

Los otros motivos.



El pájaro de tu risa
cae en el silencio
para hacer del camino
una alianza con
el olvido


así son las parvadas de tus ojos
emigran decididas

y el sol ya no aguanta otra
roptura en este cuerpo
ya no aguanta el soliloquio
sin primavera

el norte invade la memoria y
cierra los circulos del horizonte
 mis motivos ya no te esperan

se hacen de noche. 

Las estrellas se contemplan
distraídas, interrogantes.
y los hubieras son caries
para mis recuerdos.

En este mundo
que hemos creado,

                           el error de la soledad
                           es inventarse conciencias.

 Dejar que
la hidra de la ausencia
devore  la voluntad
 las razones,

y al imaginante
lo deja sin historias.
Para liberarnos de ese
mundo que tiene nuestros nombres.

 América Zapata

jueves, 14 de mayo de 2015

Relámpago Portátil (El séptimo continente)

Para América Zapata, gran amiga y colega.



No basta tu cabello, acechando al crepúsculo
para que al fin otorgue el color negro a la noche.
No basta tu sonrisa caleidoscópica para que
la naturaleza dé a luz a nuevo jardín.
No basta pues sí bastara ya serías
la sustituta en el trono de los seres elementales,
como la flor que germina en medio de las hadas.
Ya serías aquello que jamás se alcanzara
pisando simplemente el estribor de Acuario
para provocar así el agua de un relámpago
que nació entre el beso de Febrero y Marzo
mientras Deucalión viajaba en un águila
y su sudor, cayó a la Tierra en forma
de una lluvia gélida para repoblarla junto
a Pirra en un estado nirvánico.
Ya Pegaso te seguiría las huellas, ya
con el ciclo que emerge de tu caminar
yaceríamos ahogados por tal diluvio.
No basta todo el continente para sembrar
aquella poesía que brota sin querer
de tu voz, o si quiere, brota y ya
sin tantas metáforas y lexemas;
sin desquebrajar el diccionario al viento;
sin nada más que la misma musa
que habita tu piel desde el Anáhuac.
Tal es la Cempoaxochitl depredadora
que temo verte a los ojos y
la ambrosía que despiden salpique
hasta empaparme de lo que no merezco.
Lo que es prácticamente divino pues
es más sencillo capturar el rayo en mis bolsillos

que sostenerte la mirada por un segundo.

Manuel Alejandro García

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Nota:
Somos los ojos de otros en el misterio del Yo y el universo nos da palabras para decirlo. He tenido bellos regalos pero este ha sido peculiar y grandioso.

Gracias Meni.

sábado, 23 de agosto de 2014

Guardian del Ecuador





Se eleva en el cielo tu nombre.
en la guerra,
el animal.

Tatuador de pretéritos.

Las constelaciones
imprimen su pergamino
cual alabanza Sumeria
y en ella la nostalgia
de la sangre.
Los cofres pintan su historia
en las paredes profundas
del cielo.

Y a lo    lejos

se mira el
corte originario
la mitad de un hombre
que ha de sostener el día y
la noche.

Cual fénix su trino emana,
la estela que alumbra  el ecuador y
en ella la contemplación del mundo.

Su voluntad fue designio por el ego
Manchó la interpretación pueril
Y por ende
la furia del equilibrio

Ahora
un arco roto.

Apunta las flechas del zodiaco
para sostener la complejidad
de un humano vestido de semidios.

Que sólo tus ojos pueden
escuchar
y en su pupila se levanta  el horizonte de los
dioses.

Cazador epílogo
de nostalgias nocturnas
eleva la moraleja del destino para
perpetuar en las distorsiones del silencio,
la fe del firmamento.


Se habla que en el inicio de los tiempos
si observas
descifrarás el cinturón
y en el Ojo de la
Realidad la Ilusión viste a Orfeo
de Norte, para
leerte la leyenda
de los puntos cardinales

eternos.

(A la constelación de Orion)


América Zapata